16/05/2019

¿Es momento de invertir?

Siempre hay algo que se puede hacer respecto a las inversiones. Lo importante es tener claro el momento en el que se encuentra el mercado y, muy importante también, el horizonte de inversión. Debemos preguntarnos a nosotros mismos a qué plazo estamos decidiendo, a qué plazo estamos mirando, porque si estamos mirando a los próximos tres meses habría que ser cauto, en cambio si miramos a los próximos diez años la visión cambia completamente, entre otras razones porque en esos períodos tan largos puede ser interesante invertir en una variedad de activos (multi-activos) que pueden ofrecer una rentabilidad más atractiva.

Para ayudarte en tus decisiones hemos preparado esta sencilla guía

Nuestro punto de partida es que a día de hoy no hay recesión y que en el año 2019 va a ser técnicamente difícil que el mundo entre en recesión. Nos encontramos ante un esquema macro maduro y complejo en comparación con otros momentos de mercados, lo cual limita las decisiones del corto plazo. Esta limitación haría que primara la búsqueda de activos seguros atendiendo al conjunto de dinámicas de mercado, macroeconómicas y geopolíticas. La otra cara de la moneda es que en caso de materializarse un episodio de aversión al riesgo, se abriría la posibilidad de tomar posiciones en activos arriesgados con la vista puesta en un horizonte más lejano.

A pesar de que en algunos países de Europa está habiendo una desaceleración, no se puede hablar de una recesión porque a nivel global el crecimiento está todavía por encima del 3% y con expectativas en torno al 3,4% en el año. Lo que sí se puede decir, es que la tendencia es al deterioro gradual de los datos. Estamos asistiendo a un empeoramiento de los datos al que sigue una pequeña mejora o estabilización a la que sucesivamente sigue un empeoramiento. Es muy probable que esta dinámica se repita en lo que queda de año, entrando en una etapa algo más compleja en los primeros meses de 2020. Pero… ¿qué motiva este comportamiento? En parte lo hace la propia dinámica del ciclo, otra parte se debe al freno que supone al crecimiento un petróleo encarecido y finalmente, y quizá lo más sorprendente, a que prácticamente no ha sucedido “nada” significativo en términos de política económica en los últimos meses. El único estado proactivo, impulsado por el conflicto comercial con EE.UU, ha sido China, con fuertes medidas en el ámbito fiscal y algunas también en el monetario.

La gran corrección del último trimestre de 2018 tuvo su inicio por las dudas generadas en cuanto al crecimiento, incluso con temor por una recesión. Fue en la última parte cuando este temor se exacerbó y se añadió al enfrentamiento entre Trump y la Reserva Federal, en el cual el presidente estadounidense desautorizó a la Fed diciendo que no estaba haciendo bien su trabajo. Todo ello derivó en una segunda pata de corrección, que fue más bien psicológica, con miedos desmesurados para lo que luego los datos nos contarían sobre la realidad de la economía. El espejo de esto es lo que está ocurriendo ahora: estamos teniendo un rebote en el que el mercado se ha pasado al otro lado en cuanto a psicología se refiere, con un último tercio del repunte basado en la complacencia y el optimismo, y que en nuestra opinión requiere cautela, ya que como decíamos anteriormente, realmente no ha pasado “nada” que lo justifique.

En la situación actual, y para el corto plazo nos inclinamos hacia la reducción de riesgo en las inversiones. Podría incluso llegar un momento en los meses futuros en el que pensar en la liquidez, con los tipos negativos, sea una alternativa durante unos meses. La renta variable, consideramos que necesita “una sana corrección”, mientras que en deuda se puede estar pese a valoraciones, pues no ha aparecido una inflación amenazante.