20/05/2020

Cuando la realidad de los mercados financieros nos supera

El pasado lunes hablabamos de las fases emocionales de los mercados financieros y cómo el estudio de cada una de las fases nos puede arrojar algo de luz sobre lo que sucede de forma genérica y las especificidades que concurren en esta ocasión. Desplegábamos cómo es y cómo nos ha afectado esa primera fase de negociación. Hoy pasamos a la segunda fase, la de ira, donde la realidad nos supera, y seguir negando el problema ya no es una opción. En esta fase, nos sentimos “engañados”, nos hacemos conscientes. Toda esa negación previa se convierte en miedo, emocionalidad, ira…

 

Fase de ira en los mercados financieros

La negación previa del problema hace que las medidas que hay que implementar para contenerlo deban ser mucho más agresivas. Esto provoca consecuencias no solo a corto plazo. Las actitudes y movimientos del mercado abandonan cualquier atisbo de racionalidad para ser puramente emocionales: volatilidades disparadas, movimientos estadísticamente “más imposibles que improbables” en un mundo de distribuciones normales, falta de liquidez… lo que conocemos como un mercado roto. En esta fase no se pueden extraer consecuencias, ni hacer números realistas, es muy pronto y son los instintos los que la dirigen.

En esta ocasión, esta fase ha sido especialmente violenta, porque ha venido asociada a un instinto primario: el instinto de supervivencia. El colapso de los sistemas sanitarios no ha hecho más que recrudecer su impacto, al mismo tiempo que limitaba las opciones de actuación. La crudeza de esta fase que hemos vivido, podemos resumirla observando la caída superior al 30% más rápida de la historia, que 3 de las peores 10 sesiones de mercado desde el año 2000 se han producido en una semana, o que hemos alcanzado volatilidades sostenidas superiores a las de 2008.

Sin embargo, ha habido daños estructurales más complejos y peligrosos. La liquidez, profundidad y spread de la mayor parte de los activos de renta fija se ha visto seriamente alterada, incluyendo no solo a la renta fija privada “high yield”, sino a la de grado de inversión y a los bonos gubernamentales (y no solo a los periféricos), amenazando claramente la estabilidad de compañías, sectores, organismos e incluso países.


Afortunadamente este periodo suele ser corto, y además en esta ocasión hemos tenido algo de “suerte”, al tener un decalaje temporal y una ventana de actuación entre la expansión epidemiológica en Europa y Estados Unidos.