11/12/2017

¿En qué consiste la inversión en activos alternativos?

Los activos alternativos han estado muy de moda durante los últimos años en el sector financiero. Una de las principales razones es que las opciones de inversión tradicionales (renta fija y renta variable) han empeorado su perspectiva de rentabilidad a futuro. Por ello, los inversores han ido desplazando su patrimonio a activos con mayor rentabilidad esperada, y generalmente, mayor riesgo, aunque no siempre son conscientes de ello. En nuestro post sobre renta fija ya comentábamos este problema.

Otra de las razones es el incremento en el nivel de conocimiento de este tipo de activos y de los niveles de regulación, que ha supuesto que los inversores se hayan ido especializando y entendiendo las bondades y peculiaridades de estos activos.

Pero, ¿qué son realmente los activos alternativos? Lo cierto es que no hay una definición precisa, de hecho, existe un debate constante sobre qué se puede considerar o no activos alternativos. Podríamos definirlos de dos formas: por exclusión, que son aquellos que NO forman parte del conjunto de activos tradicionales (bonos, cash y renta variable cotizada),  y por inclusión, es decir, concretar cuales son.

Por ejemplo, el Capital Riesgo/Private Equity es sin duda alguna un activo alternativo. Sin embargo, una muestra clara de debate ocurre con el inmobiliario cotizado. Hay quien lo considera un activo alternativo por su naturaleza subyacente y otras personas no, debido a que cotiza y su comportamiento puede asemejarse a cualquier otro activo cotizado. Por ello a veces podremos encontrarnos que un activo está categorizado como alternativo en unos sitios y en otros no.

Viendo la dificultad de la definición, podemos entender porque se requiere cierto grado de especialización en la materia. En este artículo trataremos dar unas pinceladas básicas sobre sus características y explicar brevemente cada uno de ellos. Los activos alternativos reúnen una serie de características que los hacen únicos, pero no necesariamente todos cumplen con todas ellas: 

  • Iliquidez: Este tipo de activos no suelen tener una cotización diaria sino más bien trimestral, semestral o incluso anual. Esto implica que no se puede vender rápidamente ya que no hay total transparencia sobre el precio y por tanto tienen un mayor riesgo. Por este motivo se le debe exigir una rentabilidad superior a la del resto de activos. Este concepto en finanzas se denomina “prima de iliquidez”.

  • Diversificación: se utilizan como diversificadores en una cartera, ya que por su naturaleza tienen poca correlación con el mercado cotizado, en gran medida también derivado de su iliquidez. Por lo que su inclusión en un portfolio puede mejorar el binomio rentabilidad/riesgo (si se abusa de estos, de forma artificial).

  • Valoración: la valoración de este tipo de activos es laboriosa debido entre muchas cosas a la iliquidez, falta de comparables y las técnicas de valoración usadas. Por eso se necesita un alto grado de conocimiento sobre el tipo de activo donde se invierte.

  • Altos costes de entrada y de transacción. La gran mayoría de estos activos requieren de una gran inversión mínima, por lo que en general se queda fuera del abanico de inversión para particulares o pequeños inversores institucionales. Además, la comisión de gestión suele ser más cara que en los activos tradicionales, lo que echa para atrás a muchos inversores. En cuanto a los costes de transacción hay una serie de costes, no solo financieros, sino de personal: primero requiere tiempo para su análisis; segundo, cuando se transfiere, hay que pagar abogados, bancos, intermediarios, etc. Otros tienen comisión de reembolso por vender antes de lo establecido.

  • Duración de la inversión: la duración media para este tipo de activos suele ser entre 5 y 10 años. Algunos pueden durar incluso más de 25 años. No hay muchos inversores con un horizonte temporal tan largo.

  • Pocos datos históricos y análisis. Cómo en este tipo de activos hay pocos inversores y en general la información no suele ser pública, no hay muchos registros o bases de datos que aglutinen toda la información (y en muchos casos suelen ser de pago). A esto hay que sumarle que es un mercado global y que hay varias empresas que se dedican a recopilar la información pero no a compartirla entre ellas, por lo que se hace difícil tener datos completos.

 

¿Qué activos podríamos considerar alternativos?

Principalmente los activos alternativos se podrían clasificar en estos grupos: Private Equity (Capital riesgo) y Private Debt (deuda privada), en esta categoría se encuentra el Venture Capital. Activos Reales, en los que se incluyen inmobiliario, infraestructuras, recursos naturales, etc... Hedge Funds, y por último, productos estructurados. En próximos artículos entraremos en detalle en cada uno de ellos.

En España hay pocas gestoras que dediquen capital a este tipo activos, principalmente por las características que hemos ido mencionando a lo largo del artículo: requieren de una gran inversión mínima, tiempo, conocimiento técnico y dedicación completa. En Fonditel somos un referente del mercado por nuestra amplia experiencia de más de 20 años en este tipo de activos, con un equipo especializado en la búsqueda y gestión de este nicho, siguiendo una estrategia propia con el fin de diversificar nuestras inversiones a lo largo del tiempo.

Si quieres conocer e indagar más sobre este tema, puedes visitar la página web de la certificación financiera CAIA (Chartered Alternative Investment Analyst).