26/11/2019

¿Sabes realmente cuánto de ilíquidas son tus inversiones?

“En un entorno de tipos de interés reducidos, ha habido una búsqueda de rendimiento a través de la asunción de más riesgo, con activos con un nivel de liquidez inferior…”, declaraba hace unos días el actual vicepresidente del BCE y ex ministro de economía de 2016 a 2018  Luis de Guindos.

No deja de ser curioso que el BCE, que es el que probablemente ha creado esta situación con una represión financiera enorme hacia los inversores, sea el que levante ahora la voz de alarma. Sin embargo, más allá de quién sea el artífice de esta situación, lo que advierte de Guindos es cierto y la liquidez es un aspecto que generalmente se tiene un poco olvidado. Debemos entender qué está sucediendo con la liquidez y saber cómo podemos gestionarla.

Hay que conocer la liquidez de cada activo. El tener liquidez o no, es un riesgo y por tanto hay que parametrizarlo, analizarlo y exigir una prima a cambio de asumir este riesgo. Un activo más ilíquido debe dar mayor rentabilidad al estar asumiendo mayor riesgo.

Generalmente, entendemos por liquidez la capacidad que tenemos para comprar o vender un activo. Pero hay que ir un paso más allá, hay que pensar si es sencillo o no vender después ese activo, si se puede hacer de forma rápida o no, si eso tiene impacto en el precio o no… Es decir, ver en qué circunstancias y en qué condiciones se podría vender dicho activo. Lo que tenemos que entender por un activo líquido, es aquel que podemos transaccionar sin un diferencial muy grande o sin afectar al precio con unos volúmenes de venta suficientes.

Gran parte de los inversores cree saber qué es la liquidez, pero realmente no es así. Se suele confundir la liquidez con la capacidad de reembolso, y no es lo mismo a pesar de que los activos ilíquidos tienen más reducida esta capacidad.

Cuando pensamos en un activo ilíquido, generalmente pensamos en inversiones del tipo: un inmueble, infraestructuras, capital privado… Algunos activos que consideramos muy líquidos, como pueden ser acciones o bonos, realmente no son tan líquidos. Las razones por las que no son tan líquidos como a priori podemos pensar, son que quizá no es tan fácil venderlos, o que el spread (la diferencia) entre la compra y la venta es tan elevado que supone una pérdida patrimonial a considerar si me quiero deshacer de él, o que el volumen que se puede transaccionar es inferior o ninguno, o que no aparecen compradores o vendedores…  o la que suele ser la principal de todas: que cuando las circunstancias empeoran, desaparece esa liquidez. De ahí la diferencia entre reembolso y liquidez: en este caso hay reembolso pero no hay liquidez.

Por todo ello, los riesgos se han duplicado: por un lado los inversores asumiendo más riesgo, pasando de renta fija o garantizados a renta variable; y por otro lado se une, que esa renta variable es medianamente ilíquida. Son riesgos que se van sumando y que no se han tenido en cuenta. Esto es un poco la advertencia que viene a hacernos el actual presidente del BCE, Luis de Guindos.