13/10/2021

Especial Educación Financiera: Activos Ilíquidos

La ausencia de un activo libre de riesgo que proteja de la inflación, la previsión de un entorno de tipos al alza desde mínimos, valoraciones muy ajustadas en la renta variable y expectativas bajas de rentabilidad en general, han fomentado tanto el incremento de los niveles de riesgo como la incorporación de activos ilíquidos en las carteras de los clientes institucionales a nivel global y en concreto en España.

 

¿Qué son los activos ilíquidos?

Son aquellos activos que no tienen una liquidez ni continua ni periódica en mercado, en los que una vez comprometida la inversión, es muy difícil poder deshacerla en un periodo largo (5-10 años). El objeto de inversión es muy amplio, incluyendo capital privado (private equity), infraestructuras, deuda privada, inmobiliario, entre otros.

Pueden darnos acceso a clases de activos y nichos difíciles de encontrar en formato líquido, pero tienen una idiosincrasia específica, que se debe conocer y asumir antes de realizar la inversión. Por ser inversiones privadas (no cotizadas en mercado), tienen una valoración generalmente mensual o trimestral (no diaria), más basada en el valor fundamental del activo y con una menor influencia de la coyuntura de mercado de corto plazo.

Por todo ello, puede dar la sensación de ser un activo con menor riesgo (volatilidad realizada), así como descorrelacionado con sus semejantes líquidos. Sin embargo, no es así. No deben ser considerarlos activos de bajo riesgo por estas características. De igual forma, por su iliquidez, debemos exigir una prima de rentabilidad en el largo plazo y esperar retornos superiores a los de sus equivalentes líquidos.

Su inclusión de forma diversificada (clases de activos, añadas, gestores) y proporcional a la iliquidez que podamos tolerar puede ayudar a mejorar la rentabilidad esperada y la eficiencia de las carteras.

Tendencia alcista

Según el informe 'Estudio de inversores institucionales 2020', el porcentaje invertido en activos privados ha pasado del 12% al 14%, una tendencia alcista que se mantendrá tal y como corrobora una encuesta de Yielco.

Yielco es un fondo de fondos de origen alemán especializado en infraestructuras, deuda privada y private equity en situaciones especiales. Este informe recoge una encuesta elaborada a más de 40 instituciones e inversores, que gestionan 290.000 millones de euros, de los cuales dedican un 2,6% a los alternativos. Más del 50% son inversores institucionales, un 20% aseguradoras y un 15% bancos y fondos de pensiones, respectivamente.

Fuente: Cincodias.elpais.com y Yielco

Fuente: Cincodias.elpais.com y Yielco

 

El capital privado es probablemente el nicho ilíquido que goza de mayor popularidad; las firmas de private equity invierten en compañías con potencial crecimiento a largo plazo, participando en su gestión, y ayudando a su desarrollo, expansión y crecimiento. Su éxito es tal, que en torno a ellas se han creado fondos de inversión de 'private equity'. Estos activos reúnen características atractivas de inversión a largo plazo, pero no están exentos de riesgos.

Fernando Aguado, Director de Inversiones de Fonditel, explicó en una mesa redonda de El Confidencial que “este producto parece que no sufre correcciones porque las valoraciones son trimestrales o semestrales, pero su rango de volatilidad de variación es enorme. Otra de sus características es la iliquidez. El inversor tiene que estar convencido de que es una inversión muy a largo plazo, con la que se tiene que sentir a gusto”.

 

¿Cómo se construye una cartera de inversiones ilíquidas?

La construcción de una cartera de inversiones ilíquidas es un proceso que debe contar con un equipo de gestores profesionales y con experiencia en la inversión de este tipo de activo.

El primer paso es diseñar el modelo de cartera que queremos tener, y hacerlo de manera realista, con una diversificación adecuada por clases de activos, estrategias y sub-estrategias, añadas, zonas geográficas, nichos y estilos de gestión.

Realizar una asunción realista de flujos, rentabilidades esperadas, duración de la cartera y compromisos nos proporcionará un marco para trabajar a lo largo de los años con la cartera, así como para planificar un escenario de desinversión.

Con este mapa en mente, identificaremos en cada momento (cada año), qué perfil de inversión encaja mejor en nuestra cartera y dentro del abanico de posibilidades, nos centraremos en aquellos que nos resulten más atractivos. Por ejemplo, a día de hoy, en la parte inmobiliaria quizá residencias de estudiantes resulta mejor que oficinas, en infraestructura, quizá logística de última milla sea más atractivo que aeropuertos.

La relevancia del due diligence

El análisis de cada posible inversión es un paso fundamental. En este proceso de due diligence se hace un análisis exhaustivo de la propuesta de inversión, el equipo gestor, la entidad gestora, el compromiso ESG, la experiencia, grupo de inversores, resultados previos; así como todos los aspectos legales, con el detalle necesario para un compromiso que puede abarcar una década.

Un seguimiento continuo de la evolución a nivel individual y colectivo de la cartera es imprescindible para identificar desviaciones sobre las previsiones iniciales, y poder controlarlas y corregirlas a nivel de cartera modificando los futuros programas de inversión.

Seguir este proceso de manera recurrente nos llevará a construir y mantener una buena cartera de activos ilíquidos. Un proceso de construcción desde cero puede llevar entre 5 y 7 años para realizarlo de manera correcta.

No es un proceso rápido ni sencillo, esta clase de activo requiere un equipo dedicado y con experiencia, y una dinámica de trabajo diferente para garantizar una gestión eficiente.

Fernando Aguado, director de Inversiones de Fonditel
“Una buena cartera de activos ilíquidos no es una colección de buenas ideas”. 
Fernando Aguado, Director de Inversiones de Fonditel

 

¿Qué peso pueden tener los activos ilíquidos en las carteras de los clientes institucionales?

La inversión ilíquida debe entenderse como un activo complementario para diversificar las carteras, mejorar su eficiencia y aprovechar la prima de iliquidez, con un peso que debe venir marcado principalmente por nuestra tolerancia a la iliquidez del activo.

Si compramos un solo producto (menor diversificación) deberemos tenerlo entre 5-10 años. Si elaboramos un programa de largo plazo (lo más eficiente) nuestro compromiso será cercano a los 20 años.

Dependiendo de la composición de la cartera, ésta podrá tener un perfil de riesgo más o menos agresivo. Private equity más cercano a renta variable, private debt o infraestructuras, más parecido a deuda corporativa, pero lo relevante es que el factor fundamental de riesgo seguirá siendo la iliquidez.

 ¿Cómo se valoran los activos ilíquidos?

Estos activos tienen valoraciones de forma trimestral o semestral. Es decir, su precio o valoración no varía de forma diaria como lo hacen los activos tradicionales.

También se valoran desde un prisma más fundamental, de valor intrínseco, y por lo tanto menos sometido a la variabilidad de los mercados. Esto no significa en absoluto que estos activos estén exentos de riesgo, aunque su volatilidad percibida sea claramente menor.

¿A qué tipo de inversor le puede interesar este tipo de activos ilíquidos?

El inversor institucional es el destinatario perfecto para incorporar estos activos en sus carteras. Aquellos que tengan volúmenes o patrimonios estables en el largo plazo y que cuenten con la formación y cultura financiera necesaria, podrán entender cómo funcionan, si se puede asumir el riesgo de iliquidez y la complejidad que implica la inversión en este tipo de activo. Podrán beneficiarse así de su capacidad diversificadora, acceso a nichos específicos, monetizar la prima de iliquidez/complejidad y mejorar la eficiencia de sus carteras.

En España, hay que apreciar la labor de los organismos púbicos como la CNMV, Banco de España, Dirección General de Seguros y Fondos de Pensiones, así como las iniciativas público – privadas de mejorar la educación financiera de los españoles. La educación y cultura financiera es fundamental a la hora de incorporar activos ilíquidos en las carteras.


 

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