25/05/2020

Cuando es necesario un cortafuegos en los mercados financieros

Esta es la fase en la que nos encontramos actualmente. En ella se impulsan una serie de medidas encaminadas a mitigar el problema, aplacar la ira, y por qué no decirlo, “blanquear” la negación. Es imprescindible aplacar la ira para evitar que lo consuma todo, y para ello, como en cualquier incendio, se hace necesario un cortafuego.

En muchas ocasiones surge la tentación de que las medidas vayan encaminadas únicamente a aplacar la ira. Las medidas deben ser proporcionales al problema, y encaminadas a mitigarlo o pueden conducir a crear una nueva negación y agravar enormemente el problema.

Aún sin referencias claras, y sin capacidad para valorar el alcance real de la situación, en este episodio se recupera rápidamente la moral, se vuelve a perder, se vuelve a recuperar… Es un periodo voluble, de transición, hasta que el transcurrir del tiempo nos permita hacer un análisis más racional.

Los mercados suelen recuperar un 50% de las perdidas, perder parte de la volatilidad y entrar en un rango que gotea a la baja desde esa recuperación.

En el caso actual, los agentes económicos (Bancos Centrales, autoridades monetarias, Gobiernos…) han implementado un conjunto de medidas nunca vistas hasta ahora, por su rapidez, amplitud y magnitud. Esto debe hacernos reflexionar sobre la dimensión del problema que se trata de mitigar. La experiencia del 2008 y la presión social han facilitado en gran medida esta rápida implementación.

Por un lado, las medidas tratan de evitar las quiebras y que el desempleo producido sea solo temporal. Por otro lado, mantener la esperanza de que cuando volvamos a la actividad, la economía pueda recuperar casi todo su lustre anterior, para ello es vital mantener el consumo actual y futuro.

¿Qué nos queda de esta fase?

Tras el positivo impacto inicial (también muy emocional) de las medidas, y quizá un descuento demasiado optimista sobre las perspectivas económicas (recuperación en V y tratar 2020 como un “shock” puntual), el transcurrir de las sesiones irá poniendo el foco en la idoneidad de las medidas y su capacidad para solventar el problema planteado; con sinceridad, en este punto tenemos muchas dudas.

Seguramente esta fase de negociación nos acompañe hasta el final del verano. Es ahí cuando esperamos poder empezar a tener mayor visibilidad para cuantificar el daño estructural y la eficiencia real de las medidas.

En algunas ocasiones puede haber una concatenación de fases de ira y negociación, en el año 2001 ocurrió con el 11-S, en nuestro caso podría suceder con una segunda oleada de contagios.

 

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