07/10/2019

Aprende a ahorrar en el Día de la Educación Financiera en España

El ahorrador se enfrenta a un mundo cada vez más complejo en el que debe conocer y aprender nuevos conceptos, técnicas y metodologías que le proporcione esa educación financiera necesaria para poder participar de manera consciente en el mundo de las inversiones. Poder invertir siendo realmente consciente de dónde se invierte es importante y no tan habitual como pudiera parecer. Por ello, hemos creído que hoy, Día de la Educación Financiera en España, es un buen momento para empezar a aprender.

Conocernos honestamente como personas es una parte vital del proceso de inversión y ello implica reflexionar sobre nuestras expectativas y sobre nuestros miedos, determinando nuestro límite de tolerancia cuando las inversiones no van bien. Esto reducirá la posibilidad de que capitulemos en el momento equivocado y arruinemos así nuestra inversión. Es de vital importancia considerar la psicología inversora a la hora de poder tomar buenas decisiones de inversión: nuestro nivel de ego o falta de sensatez puede hacer que asumamos riesgos no controlados y no acordes con nuestro propio perfil inversor.

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Para ahorrar es tan importante el poner el dinero como la planificación del ahorro, definir cuál es la finalidad del ahorro. Debemos ahorrar con un propósito, de lo contrario, acabaremos abandonando. Además, definir la finalidad nos permite definir también el horizonte. Este no es más que el plazo de nuestra inversión, pero muy importante, porque no es lo mismo ahorrar para un proyecto dentro de tres años que para dentro de veinte. El horizonte además nos dice el riesgo a asumir: en las inversiones a largo plazo podemos tolerar más riesgo que en las de corto plazo (siempre dentro del riesgo que estemos dispuestos a asumir). También determina  el objetivo de rentabilidad deseada para ese ahorro durante ese periodo de tiempo.

"La planificación a largo plazo no es pensar en decisiones futuras, sino en el futuro de las decisiones presentes", Peter Drucker 

Una vez que tenemos hecha nuestra planificación del ahorro, debemos empezar a ahorrar. La mejor manera para no desistir en el intento, es integrar este ahorro en nuestro día a día de una manera natural, como un "gasto" más de nuestro “presupuesto mensual”. De esta manera seremos capaces de ahorrar metódicamente todos los meses, algo importantísimo en el ahorro, ya que nos permitirá entrar en momentos de mercado diferentes. No debe preocuparnos que al inicio ese ahorro sea bajo, ya que cuanto más tiempo tengamos ese ahorro invertido (hablamos de un ahorro en movimiento, no un ahorro bajo el colchón o en cuenta corriente), probablemente más rentabilidad obtendremos. Por ello es muy importante empezar a ahorrar cuanto antes, algo que quizá parece lógico pero que no se suele hacer.

Llega el momento de elegir mi vehículo de ahorro.  A pesar de la idea equivocada que se suele tener, disponer de un plan de pensiones y fondos de inversión, es totalmente complementario y recomendable, para poder tener así liquidez dentro de mi inversión.

Las comisiones que me cobran son muy importantes, ya que un % pequeño pero a lo largo de muchos años, puede suponer un gran patrimonio no ganado. Otro punto importante a la hora de seleccionar una inversión, es considerar el llamado binomio rentabilidad/riesgo que podríamos resumir en:

A mayor riesgo que asumamos en una inversión, mayor deberá ser la rentabilidad esperada.

Con rentabilidades similares deberemos elegir aquella inversión con menor nivel de riesgo

Con niveles de riesgo similares la inversión elegida deberá ser la que ofrezca una  mayor rentabilidad.

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En esta selección, es importante también conceder importancia a la consistencia del producto. Es decir, ver sus resultados en el medio y largo plazo, no solo mirar sus últimas rentabilidades obtenidas. Algo que se conoce como sesgo retrospectivo, por el cual concedemos mayor importancia a experiencias recientes, dando menos peso a aquellas que han sucedido en momentos más lejanos en el tiempo.

Una vez seleccionado el producto, debemos pensar en los beneficios fiscales del ahorro. Esto debe ser un incentivo al ahorro más que la razón del mismo. Si el vehículo de nuestro ahorro es un plan de pensiones, nos va a suponer además un ahorro en nuestra factura con Hacienda, ya que podemos desgravarnos, como rendimiento del trabajo, lo que aportemos al mismo (máximo de 8.000€ anuales).

El ahorro para la jubilación es quizá el más relevante al que nos enfrentamos. Este ahorro, va a dar satisfacción a uno de los periodos de nuestra vida que cada vez, debido al aumento de la esperanza de vida (crece 2,5 meses por año), es más largo y a su vez más prometedor.  Todos somos conscientes que cuando nuestra vida laboral finalice, nuestros ingresos van a disminuir fuertemente. De lo que quizás no todos somos tan conscientes es de que, si queremos seguir manteniendo nuestro nivel de vida, deberemos disponer de un complemento a la pensión pública. El ideal de dinero ahorrado para la jubilación podría estar en torno a las cinco anualidades de salario. Con ellas, podríamos complementar la pensión pública durante aproximadamente quince años, cobrándolo en forma de renta que además me permitirá tener una menor factura con Hacienda.

Evidentemente, planificar a medio o largo plazo, no significa poner nuestro ahorro debajo de una piedra y olvidarnos. Puede haber cambios en nuestras circunstancias personales, en nuestro vehículo de ahorro… o simplemente no hemos escogido la manera adecuada para invertirlo y queremos cambiarla. Por ello, hay que hacer un seguimiento objetivo y sin obsesionarnos.