11/09/2019 Fuente: Emilio Ontiveros - AFI

Análisis de las pensiones en España: llegada a la jubilación

La llegada a la jubilación de las numerosas cohortes de población nacidas tras la Segunda Guerra Mundial, la baja tasa de fecundidad durante las cuatro últimas décadas y el aumento continuado de la longevidad están provocando una disminución del peso relativo de la población en edad de trabajar en los países avanzados, que es particularmente intensa en España.

Los sistemas públicos de pensiones están en situación de vulnerabilidad en casi todos los países de la Europa occidental. Esto se debe a razones de carácter estructural más que a problemas circunstanciales. La evolución demográfica, es una evolución poco o nada cómplice con la sostenibilidad a largo plazo de los sistemas públicos de pensiones. Serán dos las tendencias estructurales que condicionarán el contexto macroeconómico en las próximas décadas: los cambios demográficos y los avances tecnológicos.

España es de los países del mundo donde la esperanza de vida al nacer y a los 65 años, sigue siendo la más dilatada. Cuando llegamos a la edad formal de jubilación, prolongamos en más de veinte años nuestra esperanza de vida. A lo que se le añade que las tasas de fecundidad son muy bajas (de las más bajas de Europa). Por todo ello, llegará un punto en el que no tendremos la capacidad para conseguir niveles de cotizaciones suficientes para pagar las pensiones tal y como las conocemos hoy en día. La pirámide poblacional refleja lo que pueden ser las amenazas al sistema público de pensiones o la necesidad de un ahorro complementario para esa pensión pública. El equilibrio entre cotizantes y pensionistas se ha deteriorado de forma manifiesta, sin embargo el protagonismo que en nuestro país tiene la previsión social complementaria es escaso.

 

Tal y como informaba el Banco de España en su Informe Económico Anual, el envejecimiento de la población tiene consecuencias importantes sobre la oferta y la demanda agregadas de la economía, así como sobre las políticas macroeconómicas. Los cambios demográficos afectarán tanto al consumo (y a su composición) como a la inversión, al empleo, a la productividad y a la determinación de salarios y de precios.

Cada vez vivimos más y ¿mejor?

Como consecuencia de todo ello, la eficacia de las políticas monetarias y fiscales se verá afectada: el menor crecimiento de la población en edad de trabajar hace más probable que los tipos de interés se mantengan en cotas reducidas. Además, el gasto público y los ingresos tributarios dependen de la estructura por edades de la población. Por consiguiente, el sistema público de pensiones y otras políticas sociales tendrán que ser reorientados en función de las necesidades de una población más envejecida.

Las necesidades de gasto de los sistemas de pensiones, sanitario y de dependencia, están directamente relacionadas con el tamaño de la población de edad avanzada, cuyo crecimiento hace necesario redefinir las coberturas de sus prestaciones y sus formas de financiación. Dado que dichos gastos se financian mayoritariamente mediante transferencias intergeneracionales de rentas, las reformas en ambos frentes afectan al bienestar de generaciones presentes y futuras y, por tanto, han de implementarse teniendo en cuenta la distribución de costes y de beneficios entre todas ellas.

Sin entrar a evaluar la viabilidad del sistema público de pensiones, que pensamos que es sostenible pero que el importe de la futura pensión pública se verá reducido, el ahorro en planes de pensiones es preocupante. Es inquietante el bajo peso que tienen los planes de pensiones en la economía española. Parece que no hay una toma de conciencia suficiente entre una realidad favorable como es el aumento de la esperanza de vida y otra preocupante como es la necesidad de un ahorro complementario para poder mantener la calidad de vida durante todos los años que vivimos tras jubilarnos. Esto contrasta de forma significativa con lo que observamos en otros países.

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Da la impresión de que la conciencia de esa realidad demográfica es mayor en otros países, o bien que los patrones de inversión/financiación de las familias españolas están muy condicionados por el exceso de bancarización en nuestro sistema financiero. Hay una predisposición a los depósitos o a inversiones en el sector inmobiliario. España sigue siendo uno de los países europeos que tiene la mayor parte de la riqueza concentrada en activos inmobiliarios. Sin embargo, el binomio mayor esperanza de vida VS concentración de riqueza en activos poco líquidos, no llega a ser bueno mantenerlo.

 

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