18/05/2020

Un análisis emocional sobre el mercado financiero

Hoy en día somos muy conscientes de la enorme relevancia de los factores emocionales en los procesos de toma de decisión. Aunque tratamos de reducir su impacto (cosa que no siempre tiene porque ser adecuada), su influencia es capital, máxime en momentos de mayor tensión.

La economía conductual puede ayudarnos enormemente a comprender qué está pasando en los mercados, incluso su uso puede ser de gran valor en nuestro afán predictivo. En el fondo, la economía y los mercados están dirigidos por el conjunto de decisiones y comportamientos humanos, y afortunadamente, las personas somos en gran medida emocionales.

Cualquier evento de la magnitud de lo que está sucediendo (más aún en un problema que impacta a nuestra salud y por tanto afecta a nuestra supervivencia), causa en nosotros de manera individual y colectiva un fuerte impacto.Todo ello desata un comportamiento emocional que podríamos asimilar con las fases de un duelo.

Estas reacciones se desarrollan en 5 fases: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Los mercados generalmente se comportan siguiendo un patrón de este tipo, y prácticamente en cualquier recesión podemos identificar estas fases. Sirva como ejemplo gráfico la recesión del año 2000 que tenemos a continuación.

Este proceso no se desarrolla por igual en todas las recesiones, ni en su profundidad ni en su extensión. Podemos ilustrarlo con los patrones de comportamiento de las últimas recesiones en el S&P500.

 

Cuando se alcanza la fase de aceptación se completa el duelo y da comienzo un nuevo ciclo económico. Suelen transcurrir 12-18 meses con caídas máximas promedio del 40% hasta alcanzar este punto. Es muy probable que en esta ocasión, las caídas se sitúen al menos en el promedio, y que su duración pueda ser menor debido a la alta volatilidad sostenida en el tiempo. Podríamos asemejar la volatilidad con la velocidad a la que transcurren los acontecimientos.

El estudio de cada una de las fases nos puede arrojar algo de luz sobre lo que sucede de forma genérica y las especificidades que concurren en esta ocasión.

 

Fase de Negación

Cuando en nuestro horizonte aparece un evento que puede cambiar significativamente nuestro rumbo actual, tendemos generalmente a minusvalorar su relevancia. Negamos que pueda afectarnos o directamente negamos su existencia. Es una fase muy relevante, ya que mientras neguemos el problema, seremos incapaces de hacerle frente. Por consiguiente, su impacto potencial será mayor. Cuanto más alarguemos esta fase, mayor será el impacto del problema, y menor nuestro número de alternativas.

En el mercado, este episodio se caracteriza por una situación de “tope”, un techo definido: el problema,  aunque se niegue, existe. Se caracteriza por una preocupación durante las caídas y negación del problema en las subidas.

En este caso concreto, quizá se hizo un análisis excesivamente racional, ante un virus no demasiado letal pero con una muy elevada capacidad de infección. Se trató de diseñar un difícil equilibrio entre el daño epidemiológico y el impacto económico. Sin embargo, se minusvaloró el aspecto más emocional en la función de reacción de la población. Durante muchas semanas, y casi de forma generalizada, el problema se acotó a China, negando una posible expansión generalizada. Apenas si se revisaron las estimaciones de crecimiento, se mantuvieron todos los eventos multitudinarios y se transmitió a la población una falsa sensación de seguridad.

Todo ello imposibilitó una reacción temprana, hipotecando futuras alternativas. Solo unos pocos países fueron capaces de adoptar medidas prematuras (Corea del Sur, Singapur, Japón) y entre los occidentales la negación solo fue abandonándose ante la evidencia, en un proceso que se retrasó de Norte a Sur y de Este a Oeste. El retraso en la toma de decisiones ha forzado a muchos países (Italia, España …) a ir siempre por detrás del problema, a no tener capacidad activa en la toma de decisiones.

 

Si te ha parecido interesante, no te pierdas en los próximos días el desarrollo de las siguientes fases